Si tuviera que elegir un único principio, una única idea que resumiera todo el trabajo que deberíamos hacer con las escalas, sería esta:
Pensar las escalas como notas largas.
Puede parecer una idea extraña al principio.
Después de todo, cuando estudiamos escalas solemos pensar en velocidad, digitación, coordinación o memoria. Sin embargo, después de más de veinte años tocando el saxofón y de haber enseñado a cientos de alumnos, estoy convencido de que la mayoría de los saxofonistas dedica demasiado tiempo a mover los dedos y demasiado poco a escuchar el sonido.
Yo mismo cometí ese error durante muchos años.
Empecé a estudiar escalas cuando tenía unos nueve o diez años.
Como muchos estudiantes, aprendí a tocarlas en terceras, cuartas, quintas, sextas, séptimas y octavas. Practicaba diferentes articulaciones, ritmos y patrones. Cada vez podía mover los dedos más rápido y tocar escalas más complejas.
Y, sin embargo, había un problema que afectaba a toda mi manera de tocar.
Aunque técnicamente podía tocar prácticamente cualquier escala, el sonido seguía teniendo pequeñas irregularidades.
Algunas notas sobresalían demasiado.
Otras se quedaban cortas, dependiendo de la altura y hacia qué nota iba o de cuál venía.
Los cambios de registro no eran completamente homogéneos.
Había pequeñas tensiones que aparecían constantemente.
Durante mucho tiempo pensé que era algo normal.
Hasta que entendí cuál era el verdadero problema.
La mayoría de los saxofonistas estudia una escala como una sucesión de notas independientes.
Sol.
La.
Si.
Do.
Cada nota parece exigir una acción nueva, una sensación distinta y una adaptación constante.
Y es cierto que cada nota tiene sus propias características.
No se siente igual un Sol grave que un Fa agudo.
No requiere exactamente la misma posición una nota del registro medio que una nota del sobreagudo.
Pero el objetivo no debería ser exagerar esas diferencias.
Debería ser exactamente el contrario.
Debemos entrenarnos para que todas las notas formen parte del mismo sonido.
La verdadera habilidad consiste en conseguir que el oyente perciba continuidad, no cambios.
Cuando pasamos del registro grave al agudo o del agudo al grave, nuestro cuerpo realiza pequeños ajustes constantemente.
La lengua se mueve.
La cavidad oral cambia.
La presión del aire se adapta.
La embocadura se modifica ligeramente.
Todo eso es normal.
Lo que buscamos no es eliminar esas adaptaciones.
Lo que buscamos es reducirlas al mínimo imprescindible.
Cuanto más estable sea nuestro aire y más consistente sea nuestra embocadura, menor será la cantidad de correcciones que tendremos que realizar entre una nota y otra.
Y cuanto menores sean esas correcciones, más homogéneo será nuestro sonido.
Por eso muchas veces digo a mis alumnos que el saxofón no consiste en aprender a cambiar constantemente.
Consiste en aprender a cambiar lo menos posible.
Aquí aparece la idea más importante de todo este artículo.
Cuando practiques una escala, intenta imaginar que todas las notas forman parte de una única nota larga.
Piensa que el aire nunca cambia.
Que el sonido nunca se interrumpe.
Que simplemente los dedos modifican la altura, pero no la calidad del sonido.
Esto cambia completamente la forma de estudiar.
De repente dejamos de preocuparnos únicamente por tocar las notas correctas y empezamos a preguntarnos:
¿Suena igual el registro grave que el agudo?
¿Mantengo la misma calidad de sonido?
¿La afinación permanece estable?
¿El aire sigue siendo continuo?
¿La embocadura permanece relajada?
Estas preguntas son mucho más importantes que la velocidad.
Uno de mis ejercicios favoritos consiste en comparar distintos registros del saxofón.
Por ejemplo, puedes tocar una pequeña parte de una escala en el registro grave e intentar reproducir exactamente el mismo color, la misma intensidad y la misma sensación en el registro agudo.
La idea no es simplemente tocar las notas correctas.
La idea es conseguir que ambos registros parezcan pertenecer al mismo instrumento.
Este ejercicio desarrolla enormemente el oído y ayuda a reducir las diferencias de timbre que suelen aparecer entre registros.
Además, cuando trabajamos un pasaje difícil en una zona cómoda del instrumento y luego lo trasladamos a otra más exigente, ayudamos a nuestro cuerpo a transferir sensaciones de facilidad y control.
Este es probablemente el ejercicio más sencillo y al mismo tiempo uno de los más efectivos.
Toca una única nota larga.
Mientras la mantienes, imagina mentalmente que estás interpretando una escala completa.
Visualiza cada nota.
Escúchala en tu cabeza.
Siente los cambios de digitación aunque no los estés realizando.
Después toca la escala real intentando conservar exactamente la misma sensación de continuidad que acabas de experimentar.
Este ejercicio obliga a tu cerebro a buscar un único soplo, una única columna de aire y una única identidad sonora.
Y eso es exactamente lo que buscamos cuando tocamos cualquier pieza musical.
Muchas veces tratamos las escalas como un simple calentamiento.
Algo que hacemos antes de empezar a estudiar la música "de verdad".
Sin embargo, ocurre justo lo contrario.
Las escalas son uno de los mejores laboratorios que tenemos para trabajar el sonido.
En ellas podemos desarrollar:
Afinación.
Flexibilidad.
Control del aire.
Homogeneidad entre registros.
Articulación.
Coordinación.
Resistencia.
Escucha activa.
Todo lo que hagamos correctamente en las escalas aparecerá después en nuestras piezas y estudios.
Por eso merece la pena dedicarles tiempo y atención.
Las escalas no son un ejercicio de dedos.
Son un ejercicio de sonido.
Cada escala es una oportunidad para entrenar exactamente las mismas habilidades que utilizaremos después en nuestras piezas, estudios y conciertos.
La próxima vez que practiques una escala, intenta olvidarte un momento de la velocidad.
Piensa en una única nota larga.
Piensa en un único soplo.
Piensa en un único sonido.
Porque cuanto más homogéneo sea tu sonido dentro de las escalas, más homogéneo será también cuando interpretes música.
Si te interesa profundizar en este trabajo, tienes un curso específico donde explico los ejercicios que más me han ayudado a desarrollar velocidad, control, sonido y musicalidad a través del estudio técnico de las escalas.
En él aprenderás a construir rutinas de estudio eficaces, mejorar tu sonido y aprovechar las escalas como una herramienta real de crecimiento musical.
Porque las escalas bien trabajadas no solo mejoran tus dedos.
Mejoran tu aire, articulación, ergonomía, digitación y mucho más.